5/9/08

DAVID IGNACIO JARAMILLO

Dedicado a ustedes.

“En mi tosco arte u oficio”
Dylan thomas.

Dormido, en su Andrómeda o en su tauro distante,
De fragantes cuadras marrón y a ladrilladas.
Camina, y la tierra soporta sus pasos
como si hasta ella supiera; que le sería mejor
entregarse a ella que hacer lo que él hace.
Con una procesión de recuerdos sonora
y sin clarinetes, ni trompetas, ni tambores;
anida en los desgarrados bemoles de unos horneros

que se desangran entonando su misal
de comunión con la mañana y de cándido epitalamio,
como si le saludaran a él y a la neblina que se desfigura.
El cree que las rosas son lágrimas de arrebol,
o lágrimas del viento o mansiones del carmín.
Camina y hasta piensa que tiene rumbo
pero sabe que su alma está tan sucia,
que no importa aquí o allá y que donde quiere
buscar jilgueros encuentra cuervos que pinta
de celeste para que parezcan azulejos al menos.
Y pesca en los charcos de las alcantarillas
alguno que otro delfín que mas parecido a un envase
que desnuda creyendo que tienen brasieres.
Pero cuando mira la tapa del caño y ve a un hombre
con aguas negras y mierda hasta las rodillas, lo envidia
como si el vaho que lo rodea fuera una recompensa.
sigue envidiándolo cuando a él le toca enfrentarse
a esos universos intrincados o simples que sus big-bans
duran segundos o años que nacen y mueren siempre
en esos momentos de abstracción
mientras su madre gime y llora y se convulsiona
entre sus manos; mirándola a los ojos con amor
mientras ella lo mira con odio como a un pelele.

Envidia la carne del yugo que va cediendo con los años.
Al menos sus soledades son ignoradas por ellas mismas
Añora ser el condenado, con todo su cadalso de esparto
y hasta sus ahogados rictus de muerte desnucada.
Él sabe que es como una brisa que muriendo refresca
al burro con su ejército de moscas;
sabe que es un silencio de blanca que armoniza
una partitura, la coma que estando no está.
El es eco que rompe el inexpugnable castillo del silencio;
que es la revolución donde el monarca volverá monarca y soberano.
Como se detiene un gusano tranquilo,
que se come la barriga de un obeso,
o el escape de un remordimiento que vuelve a batir
sus grandes alas sobre la conciencia,
EL conoce la cadena y el martillo; pero sabe
que no es la mano, ni la intención
él es el estruendo que nace del golpe.

1 comentarios:

mauricio dijo...

En algún lugar tan remoto pero tan muerto al tiempo y a los canibagrafios, hallado en la paz insólita de una noche de lluvia, encarnando la propia inmundicia hecha aroma de café caliente a través de los sobornados sentidos, y ahí en medio del silencio, la manta de la quietud envolviendo al bullicio para no dejarlo salir de la noche, para encerrarlo entre un eco ahogado, mientras la cadena se rompe y es él quien se escapa...