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20/4/10

Diego A. Gonzalez


La sombra y el árbol

Caído sobre las páginas de los arboles, mis respiración se hizo menos cadenciosa, desordenada arrítmica y agitada al punto de obnubilar mis ojos, la realidad se empezaba a desdibujar bajo el cloroformo de la cotidianeidad, empecé a sentir la falta de apetito por las cosas y sus reflejos, las piedras eran almas y las almas era nubes. Tendido sobre un montículo de un árbol talado en la mitad del bosque empecé a sentir la falta de oxigeno, los sonidos se hacían evidentes y su inmensidad lejana, y no sabía si esta acostado equivalía a estar muerto.

Seguía tomando agua del vaso azul, mientras pasaban nubes llenas de agua con sentimiento de placer, en la distancia iban volando, grotescas y libres, abundantes y sublimes, ardían en su vuelo y en una milésima de segundo un pensamiento intruso trepano mi corteza asociativa y su realidad ya no era la misma, me burle de ellas! Me burle de la liberta! Ustedes son unas malditas esclavas, dije. Era una carcajada en silencio que volvía al silencio, incluso las odie con un cansado repudio, son esclavas del viento, de la voluntad de los dioses y de las plegarias de los agricultores, pensé, ustedes también son esclavas y por eso las odio, grite. Creí que eran libres, volaban para burlarse de las cárceles humanas, de la mísera conciencia humana, creí que su libertad estaba atada a las invenciones de su infinito, pero no, no son más que unas miserables esclavas, que vuelan quizá huyendo de la voz de amos invencibles.

Volví a mi desierto, una sombra lograda por una hoja que se anteponía a un rayo de sol golpeo mi cara, ¿por qué la sombra!, será que se anuncia la noche tenebrosa o tan solo es un efecto del viento?, suspire en la mitad de un pensamiento, las ideas corrían vagan por mi cabeza, nubes de polvo y piedra atravesaban corriendo mi cerebro, mientras el polvo dejaban tras de sí algo de viento. No puedo decir pensamiento, puesto que mis ojos ya no están puestos en la nube lejana, ahora una parte de mi conciencia se encargaba de la sombra, la noche. Es la noche! hizo un llamado agudo e inconstante a mi angustia...

La sombra y las nubes, las nubes y la sombra para ser justos, quería pensar de forma ordenada, quería sentir el rigor del método en mis sentidos, odiaba el desorden de mi rutina, un árbol y una sombrilla, un vaso cargado de zapatillas, una calle y su barrendero, todo llegaba a un punto de soliloquio, extremadamente absurdo y melancólico.

Los arboles y la tormenta, quería una conclusión, no podía seguir tendido bajo la sombra de ese árbol por ello cerré los ojos. Ahora todo cobraba sentido en un hermoso silencio, era mi noche oscura y bella y amada, que me prometía el fin de los días. Te amo noche oscura.

7/2/10

Lukas Gutiérrez Montoya


Sentado entonces, pretendiendo siempre, que por miedo jamás me atreví serlo, escribí líneas que provinieron de la nada, quizá desde el mismo silencio que la vida forjaba cuando uno la contemplaba.
Era cruel, los sueños se marginaban por repentinos recuerdos que causaban dolor; era el silencio que solía oír un mártir, un inocente que jamás quiso toparse con verdades, ésas encrucijadas que erigían filosofías para que los hombres más tontos o más osados las dilucidaran.
Implacable este dolor como fuera, nunca por obra divina el frío que nos hacía acurrucar en el lecho era arropado. El frío y el corazón encrespado eran la prueba del silencio que acogían al universo.
Los mártires fueron aquellos que actuaban sin fe, porque sabían de su pena. Pese al silencio que siempre acosó nuestros corazones, y a ese vacío interminable del que sabíamos ninguna divinidad iba a pronunciarse, terminábamos siempre por caer rendidos ante un ruego que repentinamente nos devolvía la fe, al menos hasta que el miedo se alejaba de nuevo. Si, éramos demasiado hombres. Sin embargo, otros prefirieron entregar su vida, crucificados por sus propias dudas, desangrados por su orgullo y su terquedad; Entregados al nefasto vacío que los entristecía... muertos por esa, su fe.
Al final todo era una tontería.

Miércoles, 22 de agosto de 2007.
3:46 AM.

26/10/09

ALEJANDRO GIRALDO LONDOÑO


A una mujer con muchos cigarros encendidos…

Camina por los parásitos de la ciudad, encontraba que cada esquina parecía un corredor alejado, ennegrecido y obscuro por el opio de las ratas que dejaban su aroma, y bien le daban un color fascinante a las mujeres de por allí,… Rabel, era un nombre lo bastante peculiar para una tan pálida, elegante, con una marca sutil entre sus cigarros… su música, su olor a “Frambuesa”… sus dedos azules… su ropa egoísta, sus ojos profundos y negros…, daba un poco de terror mirarla, contemplarle esos labios mordiscos y evitar irritables erecciones públicas…
Rabel, Rabel, putica mía, siento que cada vez me consumo más… no puedo lograr una letra, una exhalación, un embriaga-miento lógico…fácil… sin un poco de esa imagen fresca…una masturbación profunda, un poco de mis dedos entre esos pliegues azules… entre esos zapaticos negros, entre esa boquita rosa… a veces mis labios parecen drenarte, a veces mi cuerpo quisiera poseerte… y ya no tengo creatividad.
Rabel… Rabel… Putica, puta, niña… me observas desde lejos, sonríes, concluyes, como si pudieras calar mis labios desde tan lejos… como saborear esa confitura amarga entre los cigarros y una nicotina interfecta…
Rabel, Rabel, se me acaba la noche, las ideas y tus imágenes, las posiciones tan magnificas donde tu Rabel Blanco y culo se perfila entre mis manos morbosas, Rabel se me acaba mi cuerpo… mi semen, mi sangre no suple tu necesidad ni mi lujuria, y tú me masturbas entre tu sonrisa que mastica y mi lascivia que no cede... déjame en paz cadáver infesto… déjame mujer amadísima mía…

21/10/09

JUANITA ALVAREZ DE GOMEZ.

Tengo la manía insoportable de encontrar en el orden prolongado una excusa perfecta para alejarme. Tal vez quisieras seguirme por esta ruta de estallidos siempre inconclusos, de disparos en el cráneo no letales, de gente siempre viva. Podrías arriesgar un poco de “gravedad horizontal” so pretexto de búsqueda, búsqueda de una mujer en un tejido de macramé hecho por mi mamá, porque te aseguro que no será infructífero, mi mamá teje las mujeres más bellas en su medio punto, solo que la Gioconda no lo permite ver ahora, ni menos lo permitirán ver un excelente crítico de arte ni un curador de precios, solo las podremos ver personas como tú y como yo que compartimos un significado intimo, una intuición sobre la vida no acabada, una neurastenia sospechosa a lo neurasténico.

Juanita Álvarez de Gomes, te pude descifrar en un segundo. Siempre temí esa capacidad de equilibrio, de usar con tanta prudencia todo, y sin embargo de ocultar, de colocar el misterio como la mejor forma de conocer y de premisa para conocerte.

Te vi llegar desgarbada, Juanita Álvarez, asimetría al eje universitario de todos los días por esos días, asimetría de esos motivos intelectuales que en conjunto forman una bola de falsedades, los motivos de los intelectuales, que triste lamento esa reacción trivial a lo mismo, hay que ser intelectuales por un complejo ante una generación anterior, hay que ser intelectuales bajo la presión de ser interesante, de responder porque Cortázar sí y ese viejito Fernando Gonzales no, ha y ojala responder en francés. Juanita Alvares de Gómez amo ese precepto católico de avergonzarse ante el cuerpo desnudo y pornográfico, amo ese precepto de dudar del conocimiento que desvirtué la existencia de Dios, amo, Juanita Alvares, tú puesta ahí deshilvanada, esa fortuna de temer en toda una falta y un pecado, esa fortuna de ser católica y distinta.

Te conozco Juanita Álvarez, te pude descifrar en un segundo. Esa manera de ser católica y esconder algo que te duele, que no te hace tan segura a pesar de los preceptos, Juanita Álvarez, amo un rostro violentado por las imágenes corruptas de la calle, amo un rostro transgredido que asemeje la gesticulación de un orgasmo, aunque el estimulo originario no sea un orgasmo si no la gracia divina. Juanita Álvarez, que te duele que te molesta, que triste diablo escondes que no me puedes mostrar, que Baco que Dionisos.

Así te vi llegar, solo la sospecha de algo más allá de lo que la institucionalidad llama mundo, de lo que los católicos como tu llaman carne, solo una sospecha de la carne Juanita y ya estabas aquí, que interesante tu, Juanita, que te permites reflexionar sobre las pasiones mundanas mientras llevas toda la carga de reprimirlas, mientras yo solo tengo que disfrutarlas, disfrutar la manera en que te regocijas al rechazarlas, porque al rechazarlas me rechazas, porque al rechazarlas creas un juego de reglas únicas, creas un muro en el que estas sentada con Osiris –el gato- mirando un horizonte que yo no puedo ver, al que no puedo acceder ni siendo pintura o convirtiéndome en un cuento de Cortázar.

Te conozco Juanita Álvarez. Te pude descifrar en un segundo. Qué mundo conoces, que horizonte descubres mientras desnudas la niña, mientras desabotonas ese cuerpo tierno y tembloroso, ese cuerpo no recorrido, mientras piensas en tu mundo único de sábados en la tarde en que los niños recorren solos tu casa, mientras sus padres que son tus hermanos transitan otros lugares. Qué clase de Osiris son esos niños que amas, que transgredes, que perturbas, que plenitud encuentras que yo no puedo ver, que otro mundo discontinuo forman el intermitente triangulo de ostia niño y pedofilia, que clase de muro es ese que me excluye.

Te conozco Juanita Alvares. Te pude descifrar en un segundo. El segundo del domingo en el que te despides y vas a misa, ignorando lo que solo yo conozco y amo.

29/7/09

JOSE ESTRADA


Su sombra aparecía detrás de él y lentamente, a medida que caminaba, pasaba hacia adelante por un lado debido al reflejo de la luz, sentía como si alguien lo estuviera persiguiendo y lo circundaba un miedo del que no salía hasta que se daba cuenta de que era su sombra.

Los sonidos de las hojas secas cuando las pisaba resquebrajaban sus nervios hasta el punto de acelerarle las palpitaciones y producirle un leve sudor en la espalda y frente, entonces apresuraba el paso para llegar a su casa; una caja roja con una puerta paralela a un espejo circular que deformaba la imagen a medida que se entraba al cuarto y una ventana con cortinas negras.

Cortinas que taparon su cuerpo después de llegar a su casa, deformarse su cara en el espejo, sacar su magnum 357, ponérsela en la boca y halar el gatillo en un solo tiempo, en un solo suspiro, sin nervios, sin palpitaciones aceleradas, sin sudor, sin pensarlo y sin miedo.

Envigado, 4 de junio de 2009


Ilustración: Caratula del álbum Metamorphosis de Iron Butterfly 1970


13/4/09

ATERLUX

La luz de la luna bañaba todas las calles desiertas que por esa noche solo respiraba la brisa fría que soplaban las nubes alrededor del cielo negro y estrellado. El silencio era el único que cantaba con su suave melodía arrullando todas las criaturas que a esa hora querían dormir y descansar de tan pesado día.. Pero él seguía despierto, invencible por el silencio...seguía allí...
Se hacía cada vez más tarde y su sed iba aumentando con el paso del tiempo.. Se sentía vacío, debía saciarla de algún modo.. Inventarse la manera, si no, no sabría lo que podría ocurrir...
Se levantó y llenó el callejón oscuro con su presencia.. El silencio q emanaba todo el lugar se acobardó ante ella y salió corriendo sin necesidad de pensárselo dos veces. Entonces, el empezó a caminar hacia la calle principal.. En busca de una víctima, en busca de con quién saciar esa sed que lo carcomía por dentro y que ya le estaba quitando el oxígeno y apoderándose de todas sus venas, a las que lentamente se les acababan la energía... Llegó a la esquina, y miró el lugar.. Tampoco había nadie, ni el silencio siquiera, que estaba decidido a esconderse de él esa noche... Maldita sea, pensó. Se decidió a seguir caminando a lo largo de la avenida principal, entre casas y locales desolados, entre edificios donde tal vez la gente dormía, y estaba lleno de victimas.. Pero no se atrevería a despertar a ninguna, más bien si al amanecer no había encontrado nada, pondría a una a dormir profundamente, y el seguiría viviendo... le quedaba algo de dignidad después de todo. Cruzó la calle y un vacío llenó su estomago, un vacío tal vez de felicidad, aunque no estaba muy seguro, pues desde que había muerto no sentía si no su vacía sensación de sed, la que saciaba fácilmente todas las noches excepto esa... entonces comenzó a correr, tan rápido como pudo, en la dirección en que la ventana estaba encendida, y la sombra del cuerpo de una mujer se veía reflejada a través de la tela... Por fin, después de todo, una víctima nocturna.
Saltó 3 veces y llego al alfeizar, y se paro allí como un gato, y entornó sus ojos carmesí a dentro a la habitación. Sí había una chica, no eran imaginaciones suyas desesperadas... ¿su sangre sabría igual de bien a lo que veía? Con un puño, ya desesperado, rompió la ventana y entró, pero al hacerlo, la luz se apagó y quedo en una oscuridad en la que jamás había estado. Una oscuridad que extrañamente tenía peso, pero no había silencio, y podía sentir como la mujer seguía en la habitación. De repente su olfato detectó un suave olor, un olor familiar que despertó todos sus sentidos y los puso alerta, ese olor al que olían todas las victimas antes de desgarrar su cuello y vaciarlas... Ese olor delicioso y satisfactorio... pero había algo raro en él. No era el olor nuevo, el olor fresco y provocador que siempre olía... No... Éste estaba podrido, usado y había algo más con el... era un liquido caliente que recorría su pecho bajando lentamente por él... entonces movió su mano hacia allí y descubrió lo que había pasado.
La luz nunca se había apagado, la muchacha entonces cubrió el cuerpo desangrado con las sabanas de su cama y salió sigilosamente de la habitación, cerrándola con llave.


13/3/09

JOSE ESTRADA

El eco del frenon del taxi se escucho como a ocho cuadras. La gente se asomo a persuadirse del sonido, otros se preguntaban y a otros se les pasaba lo peor por la cabeza. El golpe daño la parte delantera del carro, una farola, parte del parabrisas, y los nervios del taxista. En cuanto al motociclista, estaba destrozado por el golpe, voló a casi cuatro metros y su conciencia estaba, desde el tercer microsegundo después del choque, muerta. Miguel, el taxista, le pasaba por su cabeza su familia y se proyectaba en la cárcel, de solo imaginárselo se le aceleraba más el ritmo del corazón y liberaba más adrenalina. Había acabado de llevar la última carrera de la mañana, después de una noche de rodar por las calles de casa en casa, de barrio en barrio y sin parar como el tiempo va a la par con su vida, para así después dirigirse a su casa y tomar un tinto, cambiarse de ropa, desayunar con sus hijos y llevarlos al colegio para luego devolverse a dormir y descansar; así terminaba otra jornada de trabajo, pero la realidad era otra, era una realidad llena de miedo y muerte, de personas escandalizadas, una fila de carros pitando y llenos de morbo. Álvaro, el motociclista, le paso toda su vida por la cabeza en tres microsegundos, solo respondía a movimientos involuntarios de reflejo de su cuerpo que nadaba en un charco de sangre.

Miguel también estaba muerto, sentado en su silla de conductor pasmado y pálido, mas frio que el que hacia esa mañana y reacciono como a cinco minutos después del choque, cuando las personas espectadoras del aparatoso accidente ya habían llamado a la ambulancia, la policía y el transito. En esto pensó Miguel cuando se le iba a ocurrir la idea de prender el carro y acelerar hasta su casa. Un minuto después de considerar la idea abrió la puerta desde afuera del carro y sintió perder las fuerzas para ponerse de pie y ver como estaba la víctima. Parecía que estaba peor que Álvaro en su charca roja. Sin embargo se valió de la fuerza de un cigarrillo que saco de su bolsillo derecho del pantalón y se retiro a una acera al otro lado de la calle para esperar su captura. No se le ocurría ver a Álvaro porque no sería capaz de soportar esa imagen en su cabeza por mucho tiempo, éste que parecía detenido, o mejor que no existía. Después de una bocanada de humo de un cigarrillo que también iba a morir, escucha los sonidos de la sirena de la ambulancia y sus palpitaciones otra vez se aceleran, y su mente se vuelve otro escenario de imágenes que van pasando rápidamente.

Termina su cigarrillo y se arma de valor para ponerse de pie pero siente un temblor en su cuerpo, como si estuviera tiritando de frio. Los doctores y enfermeros que se bajaron de la ambulancia pensaron que Miguel estaba ebrio por cómo estaba parado frente a ellos y como los observaba, con culpa y remordimiento, luego fueron a ver a Álvaro y se impresionaron por el charco de sangre que lo rodeaba, había perdido ya mucha sangre dijo uno de los doctores para un periódico amarillista de la ciudad, además la parte derecha de su cuerpo estaba con todos los huesos quebrados, profundas heridas abiertas producto del impacto y el parietal derecho fragmentado, esa fue la declaración del doctor. En cuanto a la policía, llego diez minutos después del accidente, abordaron a Miguel y lo bombardearon de preguntas, lo hicieron caminar por una línea para comprobar empíricamente que no estaba borracho mientras llegaba el tránsito para corroborar las pruebas de alcoholemia, de la cuales salió negativo.
Lo retuvieron mientras los forenses y médicos recogieron el cadáver de Álvaro y el tránsito hacia las mediciones para dar un informe final de lo ocurrido. En lo único que pensaba Miguel era en sus hijos, llegarían tarde a clases y no presentarían la tarea de sociales que les ayudo a hacer el día anterior. Ya eran casi las nueve de la mañana y los policías ya sabían quiénes eran las personas que protagonizaron el accidente en horas de la mañana. Miguel, que estaba en una estación de policía sin desayunar y con la misma ropa, sin ver a sus hijos, con la duda de saber a quién arroyo y tal vez retenido por más tiempo, y Álvaro, del cual le informaron a Miguel que había sido identificado como el profesor de sociales del colegio a donde van sus hijos.


Envigado, 23 y 24 de febrero de 2009.

9/2/09

JUANSE MOLINA

CÁNCER






El día comenzó muy bien para ella, iba dispuesta a decirlo todo, mirarlo a los ojos, amarlo, entregarse totalmente a él, pero estaba ese miedo otra vez, ese miedo que siempre la llenaba y la hacía temer la reacción que él podría tener, porque ya lo había vivido y porque él era amigo de Pedro, ese que se fija demasiado en lo superficial y quien mantiene haciendo chistes al respecto de ella. Igual no prestaba casi atención, con Juan, ella se sentía bien y estaban saliendo hace unos días.

El miedo la abordaba, por esa superficialidad de ese grupo de amigos, pero igual ella creía que Juan era distinto, lo sentía, ese sexto sentido que dicen tener las mujeres le aseguraba que él era distinto.

Se citaron en el parque, se encontraron y los nervios se llevaron la voz de ella, pero no la de él, Juan, la miró a los ojos, le pidió que fuera su novia, ella incrédula le pidió que le repitiera eso y él sin titubear lo volvió a hacer. Ella llena de alegría aceptó, pero le hizo la gran pregunta.

-Juan, corazón, ¿tu sabes que yo estoy enferma?-
-No, y eso no me importa.-contestó él.
-Pero Juan, tal vez si te importe.
-¿Es muy grave?
-En parte, pero, no quiero perderte.
-entonces cuéntame, ¿qué tenés? Que te hace pensar que me vas a perder.
-Juan, tengo cáncer de seno, de hecho ya me amputaron el seno para extirpar el tumor.
-Ah, me imaginé algo mas grave.
Ella sonrió, no sabía si era ironía o realidad el comentario que hizo.
Él le habló y le dijo:
-Sabes, a mi eso poco me importa, yo no tengo mis intereses en tu sexo, es lo ultimo que me importa de ti, si te pedí lo que hice fue porque me gustó lo que vivimos juntos, las salidas, los momentos, esas sensaciones que siento cada que te veo. Lo ultimo que me importa es que esa enfermedad te haya, entre comillas, deformado, pero sabes, alguna vez vi una foto de una mujer con tu situación y dije, “es amor puro cuando uno quiere, sobre todo en la enfermedad”, y eso te lo demuestro, en este momento estoy dispuesto a todo por ti, a realizar mis sueños contigo, a compartir contigo, porque soy diferente, poco me importa tu apariencia, lo que me importa es que estés feliz, que me acompañes y que quieras realizar tus sueños a mi lado y estaré a tu lado en las buenas y en las malas.


El beso selló la conversación, el beso consumó la relación, entrelazaron sus manos y caminaron juntos hacia el horizonte.

4/2/09

El vio que ella caminaba entre bafles sonoros.
De los parlantes salían en filas muy ordenadas las notas en formas de mangos metálicos, estos golpeaban su imagen descomponiéndola en fragmentos de vidrio que no se desprendían, sin que formaban una red de hermosas fracturas.

El, en un momento de plena excitación pudo empujar la imagen, quedando esta finalmente esparcida en pequeños trozos palpitantes.
Era el nirvana ver la forma como percutían sus minúsculos trozos en el suelo como un efecto natural de la vibración de las notas que ahora tomaban la forma de ángeles encapsulados.
Ella no pudo más, el instante en que vio todo con ojos de araña se convirtió en la necesidad de transgredir lo virginal, lo santo y lo culto.
Ella vio de cuando en cuando el frenesí de los mangos metálicos, de los ángeles encapsulados, vio en el aire teñido de obscuridad un carnaval dionisiaco que aguzaba su necesidad de transgresión.
El sin molestarse, comprendiendo, y comenzó a recoger los fragmentos.Ella de forma tierna, grácil, excitada, pudo comprimir sus sensaciones en las manos de alguien que le apretaba.

El solo levanto su mano, abierta, sin envidia..
Ella logro condensar su humedad dionisiaca, manchando los mangos metálicos, haciendo el amor a aquellos ángeles encapsulados.
De la música a la fragmentación, a la evaporación.

29/11/08

Y como surgir. Omitir un punto y cambiar el sentido de todo, así un camino que termina. Quiero comenzar por buscar antiguos zapatos, y una vez encontrados, comprehender los inevitables sucesos de los hombres a través de su destino de objeto olvidado, busco zapatos viejos, busco residuos de pies de infante, de mujer soltera, busco los pies de mi papá en uno de esos zapatitos que me encuentro por ahí, los piececitos infantiles de mi padre recorriendo los patios de su infancia, patios de leña y humo, de obscuridad y silencio, patio de vela de cebo. Patio. Mi padre.

Ayer por ejemplo encontré una sandalia azul agua marina en un anaquel escondido.

Y, ¿Por qué no comprender los inevitables sucesos de los zapatos a través del destino olvidado de los hombres? Atreverse a decir que la peor pena de un zapato es terminar en un pie cárcel porque el zapato deja de ser zapato para luego convertirse en nosotros, tu, Martín y Laura confesando historias en una bicicleta que rueda por un antiguo camino de verano, el viento pasa seco por una maraña de cabello rubio, Laura y el viento alterado y confundido por la difícil y excéntrica forma del objeto que recoge su cabello, una miel envasijada que toma dinamismo. Vasija que se abre, cabello que se desparrama, cabellos que envuelven hierros, ruedas, cabellos que envuelven a Martín y a Laura.

Tal vez por eso me suelo enamorar de mujeres que declaran un horror pasmoso ante los gatos, de mujeres que lloran en el baño porque piensan que su cabello es un gato, ese gato negro prodigioso sentado en la infalible cabeza.

Te puedo ver desde un balcón, para ser más preciso, desde el balcón solo veo la línea que parte tu cabello en dos mitades desiguales.

13/11/08

AILING LAU

ETERNAMENTE



Allí estaba ella otra vez, envuelta en una seda lóbrega, cubierta de rosas marchitas se veía corroer por el tenebroso tizne del instante que le donaría sentimientos ajenos, sentimientos que se apoderarían de ella una y otra vez, robándose en cada combate perdido un pedazo de aquello que nombran humano. Ya no era vida, era un continuo atrevimiento a perder la entereza.

Pasión lúgubre por la cual sentía tanto pavor y rechazo, aunque necesario el instante de cavilación para la formación íntegra del ser, este no daba resultados positivos, por el contrario hacía que se inhumara tétrica al conocimiento más profundo de su ápeiron y más aún a la comprensión de la verdadera finalidad, a su vacía razón de nacimiento y muerte.

Sin agudeza alguna, pasó desapercibida la sed de venganza. Por cada humano que la privara de compañía, tres debían soportar la condena más cruel de Dante, equivalente a su maldita pasión. Tras de un largo periodo advirtió cómo su esencia desvanecía en el lago de la maldad de los ogros...

No. No. No. No puede ser, ella debía detener el monstruo que crecía en su interior y devoraba su sensibilidad. Deseaba ser mujer por la eternidad, y solo lo sería con el trago mortal... un sorbo... y lo ínfimo que restaba de humano en ella se quedó allí por siempre.


8/10/08


Me llamo Cristóbal y hay cosas que creo indispensables en la vida, una de ellas es comenzar siempre por decir un nombre, Cristóbal y punto, sardina, Valeria y punto, si bien, Cristóbal, sardina y Valeria no llegarán a ser nunca lo que señalamos con ese nombre, siempre vive un comienzo para algo que existe, el comienzo para llegar a la mentira, a la verdad, a los intermedios de la verdad y la mentira o a lo que no existe, ahora, en este instante puedo decir puesta de sol y denotar con ello el resultado ineludible del movimiento rotatorio de la tierra, sin embargo no hay una mentira más evidente que decir puesta de sol, hombre, evolución, razón… todo lo que generaliza y subalterna.
Por eso comienzo por decir puesta de sol, nombro, pero al mismo tiempo que nombro desvirtúo, y digo duelo, esta condición es más adecuada en mi propia verdad de sol en la tarde en que la cámara fotográfica ha disparado municiones de luz luchando por imágenes que me complacen solo a mí, la única regla es un hedonismo fotográfico, el placer que está en el hecho de ignorar la técnica fotográfica y de contar con una pésima cámara y sin embargo decir que puedo entablar un duelo con el sol, arrogarme su intimidad de astro, decir que solo estamos él, yo, la última foto del rollo y una perspectiva que solo se ofrece o me complace a 10 minutos de camino arriba, el juego del duelo, su sentido y regla, es que debo llegar al lugar de la perspectiva antes de que el sol brinque al otro hemisferio y creo que esto ocurrirá en muy poco tiempo, mi primer paso y el duelo queda pactado, estoy en una vereda que se llama La Mediación la perspectiva esta en el intermedio de esta vereda y otra que se llama Morritos, le doy al sol mi espalda, me cae en gracia la idea de vencer al sol en un duelo y me aterra lo que me podrá pasar si pierdo, apresuro el paso no veo el sol pero advierto su tenue presencia en el color azafrán de la montaña de enfrente, la carretera, una curva, la perspectiva en la siguiente, el duelo, gritos de niño, Orlando llorando junto al cadáver de su padre, el sol proyecta su último rayo que va desapareciendo al mismo tiempo que desaparecen los asesinos en una Toyota 4.5. El sol, mi duelo el duelo de todos. Perder en un duelo con el sol.

9/9/08

Leandro Loaiza Largo



DIÁSTOLE

Una mañana despertó escuchando el horrible latido de su corazón, sabía que tenía uno y que sin mayores dificultades había trabajado bien hasta sus treinta años de vida, pero jamás lo había podido escuchar con tal claridad, palpitaba en sus oídos con un estruendo idéntico al de un bombo, caminó despacio hacia la cocina al ritmo de los latidos como si de pronto se fuera a caer al piso, bebió su café con la esperanza de despertarse y olvidar las pulsaciones pero nada pasó, se vistió deprisa y tomó un taxi que lo llevó a urgencias del seguro social, aturdido y medio sordo en la sala de espera, encogía los hombros con cada latido que golpeaba su cabeza, después de un rutinario chequeo de pasillo le dijeron que lo suyo no era grave, que pidiera cita por consulta externa, de pronto el hombre rompió en llanto, atravesó corriendo la calle y varias avenidas, llegó a la silla de un parque, hundió sus dedos en su cabello y halándoselo con todas sus fuerzas pegó un grito al cielo con tanta angustia que hizo que la gente de los edificios vecinos se asomara por las ventanas, el chorro de sangre que llenaba las venas de su cuello martilló con más fuerza en sus sienes, nadie lo ayudó, llegó a pie a su casa, había deambulado toda la tarde por la ciudad como un zombi sudoroso teniéndose la cabeza, resoplaba entre los dientes una espuma espesa y brillante, buscó en su escritorio un lápiz y un sacapuntas decidido a romperse los tímpanos, puso el lápiz primero en su oído mientras con la otra mano sostenía con el brazo extendido un pisapapeles, apretó los dientes y medio segundo antes de golpear la goma lo detuvo el silencio, dejó caer todo y mirando como temblaban sus manos lloró, lo hizo hasta que se quedó dormido.